En las películas, un paro cardíaco es evidente. La persona se lleva la mano al pecho, hace un gesto de dolor y cae de forma aparatosa. En la vida real casi nunca se ve así, y esa diferencia entre lo que esperamos y lo que realmente ocurre explica por qué tanta gente tarda en reaccionar.

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Un paro cardiorrespiratorio súbito suele verse mucho más silencioso de lo que imaginamos. La persona no responde a tu voz ni al tacto. No respira con normalidad, o parece que respira pero lo que hace son boqueadas irregulares, ruidosas, con pausas largas entre una y otra. Muchos testigos las describen como ronquidos, gorgoteos o respiración forzada. Ese patrón tiene nombre técnico y se llama respiración agónica. Aquí está el punto que conviene entender. Esa respiración agónica no significa que la persona esté bien. Es un reflejo del tronco encefálico que intenta reiniciar la respiración sin lograrlo, y aparece en aproximadamente el 40% de los paros cardíacos que ocurren fuera de un hospital. El problema es que se interpreta como señal de vida. La investigación sobre llamadas al servicio de emergencias documenta que la respiración agónica está detrás de hasta el 50% de los paros cardiacos que no se identifican correctamente durante la llamada, y que cuando la víctima presenta boqueadas, solo el 54% de los testigos inicia maniobras de reanimación. La razón es debido a que, el cerebro humano busca la señal obvia. Espera gritos, dolor visible, una caída aparatosa. Cuando en lugar de eso encuentra silencio interrumpido por algo que suena a ronquido, duda. Y en esa duda se van segundos que importan, porque cada minuto sin compresiones torácicas reduce la probabilidad de supervivencia entre un 7 y un 10%. Los pacientes que presentan respiración agónica tienen alrededor de 3.5 veces más probabilidad de sobrevivir que los que no la presentan. No porque esa boqueada los esté oxigenando, sino porque indica que el evento acaba de ocurrir y todavía hay ventana de acción.

Guía práctica para actuar mientras llega la ayuda

  1. Comprueba si responde: Tócale el hombro con firmeza y háblale fuerte. Si no reacciona a tu voz ni al contacto, no responde.
  2. Observa el pecho unos cinco a diez segundos: Si no se mueve, o si lo que ves son boqueadas separadas y ruidosas, trátalo como respiración ausente. No pierdas tiempo buscando pulso, incluso el personal entrenado falla al detectar con rapidez y las guías actuales ya no lo recomiendan para rescatistas no profesionales.
  3. Llama al 911 y pon el altavoz: Si hay más personas, señala a alguien en específico y dile que llame. Deja el teléfono en altavoz junto a ti porque el operador puede guiarte paso a paso mientras haces las compresiones.
  4. Coloca a la persona boca arriba sobre una superficie firme: El piso funciona mejor que una cama o un sillón porque las compresiones necesitan una base rígida para ser efectivas.
  5. Empieza las compresiones: Coloca el talón de una mano en el centro del pecho, entre los pezones, y la otra mano encima entrelazando los dedos. Brazos completamente rectos y hombros justo arriba de tus manos, para que la fuerza venga de tu peso corporal y no de los brazos. Comprime unos 5 centímetros de profundidad, con un ritmo de entre 100 y 120 compresiones por minuto. Deja que el pecho suba por completo entre una compresión y otra, ese retroceso permite que el corazón vuelva a llenarse.
  6. No te detengas: Solo con las manos es suficiente si no tienes entrenamiento en respiraciones. Si hay otra persona disponible, turnense cada dos minutos porque el cansancio reduce la calidad de las compresiones sin que te des cuenta. Continúa hasta que llegue ayuda profesional o hasta que la persona recupere la respiración normal por sí sola.
  7. Sobre el DEA: La mayoría de nosotros no tiene un desfibrilador en casa. En ese caso las compresiones son lo más importante que puedes hacer. Si el evento ocurre en un lugar público como un club deportivo, un centro comercial, un aeropuerto o una oficina, pide a otra persona que lo busque mientras tú sigues comprimiendo. Nunca dejes sola a la persona para ir a buscarlo tú.

En México todavía hay margen para mejorar. Un estudio con 242 casos confirmados de paro cardíaco extrahospitalario atendidos en Querétaro reportó una tasa de supervivencia a sala de urgencias del 9%, y entre sus conclusiones señala la necesidad de ampliar el acceso a desfibrilación temprana y aumentar la capacitación de la población en RCP. En SCU puedes certificarte y especializarte en RCP y uso de DEA con formación práctica y metodología reconocida. Es un conocimiento que sirve dentro y fuera del club, y que te da la seguridad de saber exactamente cómo responder si alguna vez te toca estar ahí. Conoce nuestras certificaciones.