Las pantallas forman parte de la vida diaria de nuestros hijos, pero cada vez más estudios relacionan su uso excesivo con problemas de sueño, atención y regulación emocional en la infancia. Reducir el tiempo frente a dispositivos es una estrategia clave para proteger el desarrollo cognitivo, físico y emocional de los niños. Aquí te contamos qué está pasando en su cerebro y qué puedes hacer desde casa para equilibrarlo sin berrinches.

El cerebro infantil está en pleno crecimiento, especialmente en las áreas relacionadas con el autocontrol, la atención y la regulación emocional. Cuando un niño pasa mucho tiempo frente a pantallas especialmente en contenido que cambia rápidamente o estimula constantemente, se afecta la capacidad de mantener la atención sostenida en tareas reales, como la lectura, el juego libre o las relaciones sociales. Investigaciones publicadas en Pediatrics han encontrado que un uso excesivo de pantallas en niños se asocia con mayor riesgo de déficit de atención, mayor ansiedad y menor rendimiento cognitivo en tareas que exigen concentración.

Además, la exposición prolongada a pantallas antes de dormir altera la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Un estudio de la National Sleep Foundation indica que los niños que usan dispositivos electrónicos por la noche tienen 30–40% más probabilidades de experimentar sueño insuficiente, lo que a su vez influye en su estado de ánimo, energía durante el día y rendimiento escolar. El sueño interrumpido también está vinculado a mayor irritabilidad y dificultades para regular emociones , una situación que muchas mamás reconocen como “berrinches frecuentes” o cambios de humor repentinos. El exceso de pantallas también desplaza otras actividades fundamentales para el desarrollo: el juego activo, la interacción social cara a cara y las experiencias físicas que promueven habilidades motoras y cognitivas. Se ha observado que los niños que pasan más de dos horas al día en actividades sedentarias frente a dispositivos tienen hasta un 50% más de probabilidad de presentar sobrepeso en comparación con quienes tienen menor exposición, lo que impacta directamente su salud física y hábitos a largo plazo.

Entonces, ¿qué puedes hacer para reducir el tiempo de pantalla?

Primero, las prohibiciones estrictas suelen generar resistencia porque el cerebro del niño ya asoció la pantalla con gratificación inmediata. En lugar de decir “no se usa pantalla”, ofrece actividades que compitan pero que también sean estimulantes. Por ejemplo, el movimiento libera neuroquímicos positivos como endorfinas y dopamina, que mejoran el estado de ánimo y ayudan a regular la energía acumulada. Juegos al aire libre, clases de baile o actividades físicas guiadas no solo reducen el tiempo de pantalla, sino que promueven coordinación, socialización y bienestar emocional.

La creación de rutinas también hace una gran diferencia. Establecer horarios claros para tareas, juego libre, estudio y pantallas ayuda al niño a anticipar lo que viene y reduce los conflictos. Un truco útil es implementar “zonas sin dispositivos” en casa, como la hora de la comida o de dormir, para reforzar otros hábitos saludables.

Anticipar el final del tiempo de pantalla también ayuda. Avisar 5–10 minutos antes de terminar permite que el cerebro prepare la transición y disminuye la frustración que viene cuando el cambio es abrupto.

Algo que muchas mamás logran sin darse cuenta es dar el “ejemplo de pantalla”. Los niños aprenden por imitación. Si los adultos reducen su propio tiempo frente a dispositivos durante momentos familiares, el hábito se refuerza sin necesidad de discursos. La coherencia entre lo que se pide y lo que se hace influye más en el comportamiento de los pequeños que cualquier regla en la casa.

Finalmente, compartir actividades en familia sin pantalla, leer juntos, cocinar algo sencillo, armar rompecabezas o salir a caminar, no solo mejora la relación afectiva, sino que también fortalece habilidades cognitivas y emocionales.

Este tipo de enfoque integral, que combina límites claros, alternativas estimulantes y acompañamiento emocional, es el que se promueve también en Sport City Kids, donde las actividades están diseñadas para equilibrar la salud física y emocional de los niños, promoviendo movimiento, socialización y desarrollo integral lejos de la pantalla.