En los últimos años, la forma de entrenar ha cambiado. Hoy muchas personas buscan sesiones más cortas, efectivas y con beneficios reales para su salud, no solo para verse bien. En ese contexto, el HIIT (High Intensity Interval Training) se ha convertido en uno de los métodos más utilizados porque combina intensidad, eficiencia y resultados medibles en el sistema cardiovascular.

Mientras que los entrenamientos tradicionales se basan en esfuerzos largos y constantes, el HIIT trabaja con intervalos cortos de alta intensidad seguidos de pausas de recuperación. Esa variación es la que genera un estímulo poderoso para el corazón y los pulmones, obligándolos a adaptarse y volverse más eficientes.

El corazón late alrededor de 100,000 veces al día y bombea aproximadamente 7,000 litros de sangre cada 24 horas. Su capacidad para hacerlo de manera eficiente influye directamente en tu energía, resistencia física y bienestar general. Cuando entrenas con intervalos intensos, tu frecuencia cardíaca puede elevarse al 85–95% de su capacidad máxima, lo que impulsa al corazón a bombear más sangre por latido. Con el tiempo, esta adaptación hace que necesite menos esfuerzo en reposo, mejorando la salud cardiovascular de forma notable.

Uno de los indicadores más importantes de este progreso es el VO₂ máx, que mide cuánto oxígeno puede utilizar tu cuerpo durante el ejercicio. Está relacionado con menor riesgo de enfermedades cardíacas y mayor longevidad. Estudios han mostrado que programas de HIIT bien estructurados pueden mejorar el VO₂ máx entre un 10% y un 20% en solo 6 a 8 semanas. Además, este tipo de entrenamiento favorece la elasticidad de los vasos sanguíneos, ayuda a regular la presión arterial y mejora el control de la glucosa en sangre, factores clave para reducir el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

Otra razón por la que el HIIT es tan efectivo es el llamado efecto post-ejercicio. Después de una sesión intensa, el cuerpo sigue trabajando para recuperar el equilibrio interno, lo que mantiene activos los procesos de adaptación incluso cuando ya terminaste de entrenar. Por eso, sesiones de 20 a 30 minutos pueden ofrecer beneficios comparables a entrenamientos continuos de mayor duración.

Eso sí, HIIT no significa entrenar sin control. Para principiantes, lo ideal es comenzar con intervalos cortos de esfuerzo moderado-alto, de 20 a 30 segundos, seguidos de pausas de recuperación de 60 a 90 segundos, repitiendo entre 6 y 10 veces.

Actividades como bicicleta, caminata en pendiente, remo o ejercicios funcionales de bajo impacto son buenas opciones para iniciar sin sobrecargar articulaciones. La progresión debe ser gradual y siempre respetando las señales del cuerpo.

  • Empieza con intervalos cortos y controla tu respiración; si no puedes decir una frase completa, baja la intensidad.
  • Alterna días de alta intensidad con días de recuperación activa como caminatas o movilidad.
  • Calienta al menos 8–10 minutos antes de empezar; el corazón también necesita preparación.
  • No repitas HIIT todos los días; 2 a 3 sesiones por semana son suficientes para progresar.
  • Hidrátate antes y después; el rendimiento cardiovascular depende mucho del equilibrio de líquidos.
  • Duerme bien; la mejora del corazón ocurre mientras descansas, no solo mientras entrenas.
  • Si sientes mareo, presión en el pecho o falta de aire inusual, detente y consulta a un profesional.

Entrenar con HIIT puede ser una de las formas más efectivas de mejorar tu salud cardiovascular, siempre que lo hagas con técnica, progresión y buena planificación. No se trata de terminar exhausto, sino de estimular al corazón de forma inteligente para que se adapte, se fortalezca y responda mejor al esfuerzo diario.

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