La nutrición en los primeros años de vida tiene un impacto directo sobre el desarrollo del cerebro, la densidad ósea, el sistema inmune y los hábitos alimentarios que va a cargar hasta la adultez. La OMS establece que los primeros 1,000 días de vida (desde el embarazo) son el período más determinante para la salud de una persona a largo plazo. El problema es que la mayoría de los papás alimentan a sus hijos sin información actualizada. Y lo que funciona en una etapa puede ser insuficiente, excesivo o incorrecto en la siguiente.

De 0 a 6 meses

Durante los primeros seis meses de vida, la leche materna es el único alimento que un bebé necesita. No agua, no infusiones, no jugos. Esta cubre el 100% de los requerimientos nutricionales del bebé en esta etapa y además aporta anticuerpos que ningún sustituto puede replicar completamente.

Cuando la lactancia no es posible, las fórmulas infantiles están diseñadas para aproximarse a esa composición, la fórmula correcta debe elegirse con orientación profesional porque no todas son iguales y las necesidades varían según el peso, la edad gestacional y la tolerancia digestiva.

De 6 a 12 meses

A partir de los seis meses el bebé está listo para empezar a conocer otros alimentos, pero la leche sigue siendo la base de su alimentación. Lo que se introduce en esta etapa no reemplaza, complementa. De ahí el nombre técnico: alimentación complementaria. El orden y la forma en que se introducen los alimentos importa. Las verduras de hoja verde como espinacas y acelgas deben evitarse durante el primer año porque contienen nitratos tóxicos para los bebés. La miel también está prohibida antes del año.

Lo que sí debe aparecer progresivamente: purés de verduras y frutas, cereales sin gluten al inicio, carne blanca y pescado blanco introducidos de forma gradual, legumbres bien cocidas y yema de huevo. La textura avanza de purés lisos a texturas más gruesas conforme desarrolla la masticación.

De 1 a 3 años

Entre el primer y tercer año de vida, el niño gana un 40% en peso y un 30% en talla. Eso exige un aporte energético y nutricional proporcional.

El error más común en esta etapa es darle lo mismo que come el resto de la familia, en porciones más pequeñas. Ese concepto es incorrecto y puede tener consecuencias negativas como obesidad, hipertensión e hipercolesterolemia.

Los micronutrientes más importantes en esta etapa son: el hierro, ya que son más susceptibles a deficiencias, lo que lleva a fatiga, menor concentración y bajo desarrollo cognitivo. El zinc, esencial para el crecimiento, cuya mejor fuente son carnes y pescados. Y la vitamina D, necesaria para que el calcio se absorba correctamente y los huesos crezcan bien.

De 4 a 8 años

Lo que el niño come regularmente entre los 4 y los 8 años empieza a definir su relación con la comida para toda la vida. Un desayuno inadecuado o inexistente en esta etapa se asocia a menor atención, peor rendimiento escolar y mayor riesgo de sobrepeso en años posteriores.

La estructura del plato en esta etapa debe ser 50% verduras y hortalizas frescas, 25% cereales integrales o tubérculos y 25% proteína de calidad (carne magra, pescado, huevo o legumbres). El agua es la única bebida recomendada durante las comidas. Los jugos, aunque sean naturales, concentran azúcar sin la fibra de la fruta entera y no son equivalentes.

La mayor parte de casos de sobrepeso y obesidad infantil tiene raíz en hábitos establecidos en esta etapa.

De 9 a 12 años

El cuerpo empieza a prepararse para el estirón antes de que sea visible. Los requerimientos de calcio aumentan porque es el momento en que se construye el pico máximo de densidad ósea, la reserva de calcio que el cuerpo va a usar durante décadas. Las necesidades calóricas también aumentan, especialmente en niños físicamente activos. Un preadolescente que hace deporte regularmente puede necesitar entre 1,800 y 2,200 kilocalorías diarias dependiendo de su tamaño y nivel de actividad, más que un niño sedentario de la misma edad. Subalimentar a un niño activo en esta etapa afecta directamente su rendimiento, su concentración y su estado de ánimo.

La proteína de calidad es indispensable para el crecimiento muscular y óseo que viene. Y el omega-3, presente en el pescado azul, el aguacate y los frutos secos, juega un papel importante en el desarrollo neurológico que todavía está en proceso.

La nutrición infantil no es complicada pero sí específica. Cada etapa es diferente. Si tienes dudas sobre si tu hijo está comiendo bien, en Training Nutrition de Sport City encuentras especialistas en nutrición que pueden orientarte con un plan, adaptado a la edad y el nivel de actividad de tu hijo.